miércoles, 2 de enero de 2013

CERO TOLERANCIA CON LOS RETRASADOS EMOCIONALES



MÓNICA Y RAÚL.
-Señora, pásenos la pelota por favor!!!señoraaaaaaaaaaaaaa…la pelotaaaaaa……
Era un día soleado de primavera, a Mónica le encantaban esos días. Empezaba a hacer calorcito, pero aún era un calor agradable, y no tan agobiante como el del verano. Acababa de terminar sus clases en la facultad, y caminaba tranquilamente  por el parque destino a su casa. Estaba inmersa en sus pensamientos. Tenía hambre y estaba pensando en que podría merendar: doritos con cerveza… galletas con cerveza …cerveza….
-          Señoraaaaaa la pelotaaaaaaaaaaaaaaaa………..
Siguió caminando tranquilamente cuando, de pronto, delante de sus narices, una pelota. En ese instante su cerebro empezó a procesar la información y a reaccionar. Miró lentamente hacia la derecha, después lentamente hacia la izquierda, y  ya pensando en lo peor, miró hacia atrás para confirmar sus peores sospechas: ¡allí no había ninguna señora!!!
Toda su vida pasó por delante muy lentamente, y  en ese momento, cedió ante la realidad:  ¡!!!la señora era ella!!!!
Señoraaaaaaaa…-seguían gritando aquellos niños ignorando el trauma emocional que le estaban causando.



Tenía 23 años y era la primera vez que la llamaban señora. Un día que ninguna mujer olvida.
Cogió la puñetera pelota, y la lanzó tan dignamente como pudo. Al día siguiente, llamó a la peluquería afro- fashion-alternativa más molona de la calle Fuencarral, y pidió hora. Salió de allí con unas rastas “maravillosas,” que no se quitó hasta un año después. En todo ese tiempo nadie  volvió a llamarla señora, aunque la realidad fue que  tampoco se comió un colín. Cosa que con el paso del tiempo Mónica entendía cada vez que miraba las fotos, estaba simplemente, horrible.
-          “Antes hippy fea, que señora guapa”- pensaba resignada, pero orgullosa de que su objetivo se hubiese cumplido, por lo menos durante aquellos doce meses.



De aquel trauma ya habían pasado unos cuantos añitos, en los cuales había ido pasando por diversas etapas, con sus respectivos  y diversos look y estilismos, y como no, con sus diversos y variopintos novios, muy a la par de sus looks; es decir, extraños y cada cual más feo e  incongruente.
Después del  año sabático, (sin novios pero con rastas) un día decidió que ya era hora de quitarse aquellas greñas de la cabeza. Bueno, en realidad fue  su hermana, que ya no aguantaba más la visión de aquella rastafari en proceso de convertirse en señora en la que se había convertido su hermanita pequeña, y una mañana de navidad,  le dijo:
-          Si vas a la peluquería  y te quitas eso de la cabeza, yo te lo pago.
Tras un segundo de reflexión ella dijo:
-           Vale!!!
Acto seguido bajaron a la peluquería más cercana, dónde les atendió un mariquita que a cada tijeretazo, soltaba algo parecido a un grito de asco y, una vez que la rasta había caído al suelo, le daba una patadita para alejarla de su lado como si aquellos pelos enredados y amorfos le fueran a contagiar alguna extraña y mortal enfermedad. Aquel peluquero, afeminado e histriónico, se dio un gustazo y, la rapó al dos.
La verdad que no le quedaba nada mal. Cualquier cosa era mejor que aquel look a lo “Rita Marley  desteñida”
Así fue como pasó de ser una “universitaria hippy en proceso de señora”, a  una “universitaria rapada en proceso de señora”. Como era de esperar, no pasó mucho tiempo hasta que se comió su primer colín. Después de aquel año reivindicando y proclamando a los cuatro vientos su juventud y lozanía, conoció a Marcos, que no tardó en encabezar el puesto número uno en su ranking particular de retrasados emocionales. Este chico, algo tímido y muy enganchado a la coca, (cosa que descubrió con el tiempo)  la conquistó  una noche de marcha en medio de un “brote de subidón”, y que esa misma noche, la  dejó tirada sin previo aviso en medio de un “brote de  bajón”. A pesar de que esta era una señal inequívoca de que el sujeto en cuestión no estaba muy equilibrado, ella siguió saliendo con él, hasta que se coló locamente por sus huesitos.
Tras dos años de una relación muy bonita al principio (los primeros diez minutos),  y muy conflictiva el resto del tiempo, él acabó dejándola por otra. Por supuesto nunca se lo confesó. Como buen macho ibérico desequilibrado, lo fue haciendo gradualmente, poco a poco, haciéndola desconfiar de todo, hasta de sí misma, y a punto estuvo de perder la cabeza. Marcos nunca quería salir con ella a ningún lado, pero a la primera de cambio que alguien le ofrecía otro plan, él se apuntaba sin pensárselo. Cada vez estaba más distante y frío. Cada vez se colocaba más, y su humor fue empeorando por minutos.  A pesar de todo esto, Mónica tenía la esperanza de que todo se solucionara, y pronto llegarían a estar otra vez como los primeros diez minutos de la relación. Ella lo justificaba continuamente: “está cansado”, “está deprimido”” lo está pasando mal”…









La primera vez que lo vio con la otra, Mónica estaba en la playa. No le hizo falta acercarse demasiado, le conocía, y por su lenguaje corporal, supo con certeza que estaba liado con aquella chica. Vomitó.
Mónica lo pasó realmente mal. Nadie entendía que veía en aquel chico para que estuviera tan ciega y enamorada. Ni ella misma sabía explicarlo, pero era la verdad. Cuando había pasado un año, el sujeto en cuestión, se aburría de las nuevas conquistas, y una noche en pleno “brote de subidón”, la buscó y comenzaron a charlar. Mónica escuchaba todas sus desgracias, que según él, eran muchas, y le ofreció su hombro para llorar. Sus amigos le advertían, pero ella se justificaba diciendo que eran solo amigos. Por supuesto, a sus amigos no lograba engañarlos, pero a ella misma sí. Es lo curioso del autoengaño, es el más efectivo de todos los engaños posibles.
 No tardaron en liarse una noche de marcha en medio de uno de sus ya famosos “brotes de subidón”. Así estuvieron cerca de tres meses, en los cuales Mónica vivía esperanzada y totalmente desequilibrada, pero por supuesto, aparentando serenidad y control. Había días que Marcos estaba súper cariñoso, y días que se volvía reservado, distante y muy frío. Mónica lo seguía justificando: “el pobre está pasando por un racha muy mala”. Hasta que él hizo lo que mejor sabía hacer: dejarla por otra.
Pasaron cerca de otros dos años en los cuales no se dirigieron la palabra, pero seguían coincidiendo. Cuando se cruzaban, simplemente se ignoraban. Ella por supuesto se hacía la indiferente, pero el corazón le cabalgaba a mil por hora. Mónica intentaba seguir  con su vida, pero le costaba mucho que alguien le gustara aunque fuera solo un poquito.
 Una  noche de marcha, Mónica conoció a un gallego del que estaría enamorada por lo menos…..media hora. La invitó a conocer Galicia, estuvo allí en dos ocasiones, y lo pasó en grande. Fueron unos días realmente bonitos, y parecía que  por fin empezaba a superar la adicción hacia Marcos. Posiblemente, la relación con el gallego hubiera prosperado, de no ser porque el sujeto en cuestión apareció de nuevo en acción.
Para seguir en su línea, él ya se estaba aburriendo  de su por entonces novia, y una noche de marcha en pleno “brote de subidón” (como no) volvieron a conversar. Mónica le ofreció el  hombro que le quedaba, porque evidentemente, su mala racha seguía, y en un par de días, volvían a estar “juntos”.

Fue una racha “buena”. Pasaban bastante tiempo juntos y hacían muchas cosas en común: ella le limpiaba la casa, el coche, le hacia la colada, le pagaba todo…vamos, que volvieron a la normalidad. Pero sobre los dos meses, Marcos volvió a distanciarse, a no darle ningún tipo de explicación sobre lo que hacía o dejaba de hacer. Cuando Mónica intentaba que le explicara la situación, él simplemente la llamaba loca, posesiva, o lo que se le pasara por la cabeza. Lo peor de todo: ella terminaba creyendo que Marcos tenía razón, y que ella era una especie de loca desequilibrada.






Lo increíble fue que entre tanto vaivén emocional, Mónica nunca dejó de lado su carrera de Psicología. Al contrario, era su refugio, su parcela de paz en donde ella se sentía útil y equilibrada. Si Marcos la hubiese apartado de su carrera nunca se lo habría podido perdonar a ella misma.
El día que, por fin, se le cayó la pesada y resistente venda de los ojos, fue el día que la llamaron por la mañana comunicándola que su tía había muerto, tras una larga y pesada enfermedad: esclerosis múltiple. Mónica y su familia tuvieron que desplazarse hasta Barcelona para el entierro. Marcos llevaba unos días desaparecido, y cuando le comunicó la noticia, quedaron para desayunar  al día siguiente. Por la mañana él no dio señales.  Ella no aguantaba más, y al medio día, lo llamó. Quedaron en verse después de sus clases. Cuando Mónica salió de su facultad estaba  ansiosa por verle. Marcos alegremente le comunicó que se iba a casa de un amigo de barbacoa, por supuesto, sin ella.
-Entonces, ¿no te voy a ver? ¡Se ha muerto mi tía! Voy a estar fuera una semana……..
Contestación del sujeto en cuestión:
-¡VETE A VOLVER LOCO A OTRO!
Y tranquilamente, Marcos le colgó el teléfono.
Durante toda la semana que Mónica estuvo fuera, ni un mísero mensaje.  Ella tenía claro que aquello era el fin. Le había tolerado toda clase de comportamientos, pero aquello era imposible de tolerar. ¿Qué clase de persona hacía algo así? Hasta un amigo al que acabas de conocer se presta a darte un poco de cariño en una situación similar.







A su regreso, Mónica estaba totalmente triste y hundida. Cogió su tabla de surf y bajó a la playa dispuesta a darse un buen baño que le diera paz y un poco de energía positiva. Pero antes de llegar a la playa, se cruzó con Marcos, que tranquilamente, y con una gran sonrisa en la cara, la saludó. Cuando vio que Mónica lo ignoraba por completo las palabras textuales de Marcos fueron:
-¿Cómo puedes ser así, después de todo lo que hemos pasado? ¡Ya te vale!
            Mónica seguía triste, pero estaba orgullosa de que por primera  vez en su vida, hubiera sacado fuerzas suficientes para no dirigirle la palabra. Lo más triste de todo: tenía que seguir haciendo unos esfuerzos increíbles para no llamarlo y para no echarlo de menos. Pero se había jurado que nunca más tendría una relación sentimental con Marcos. ¿Qué será lo que te sigue atando a una persona que te trata así?
Ese mismo día, cogió su música y se fue a correr como cada tarde. Cuando llevaba ya un rato corriendo, pasó por la playa y a lo lejos le pareció reconocer a Marcos. Aunque no quería saber nada más de él, la curiosidad le pudo y se fue acercando: ¡allí estaba Marcos enamorando en un banco a una llamativa rubia! Ella estaba sentada encima de sus rodillas y contemplaban las olas y el atardecer como dos tortolitos. Aquello fue demasiado.
-          PERO MIRA QUE ERES HIJO DE PUTA!!!!!!- le gritó con toda su rabia.






 Ambos se dieron la vuelta al oír el grito. Mónica se había parado de golpe. Marcos puso cara de gallito descompuesto, y la rubia cara de no entender nada.
Mónica siguió corriendo con una rabia que la consumía a cada segundo. ¿Tan difícil era ser sincero? Hubiera sido todo muy fácil y se hubiera ahorrado todo ese tiempo de dudas : “Mira Mónica, que no quiero nada serio, estoy viendo a otras chicas, me lo paso bien contigo, pero no quiero que te confundas”, y a ella se le hubieran aclarado las ideas. ¿Por qué tenían que complicarlo todo tanto los hombres? Lo que la tenía enganchada era la incertidumbre de no saber a lo que se enfrentaba. Un día la deseaba como un loco, y otro día la ignoraba por completo. Si Marcos hubiera sido sincero desde un principio, se hubieran ahorrado muchos problemas, sobre todo ella.
Aunque quizás, la culpa ha sido mía por no querer ver la realidad- pensaba muchas veces Mónica.
Fuera por lo que fuese,  así fue como Marcos desapareció inmediatamente de su vida, de sus pensamientos y de su corazón. Fue muy fácil cuando supo con certeza a lo que se enfrentaba. Había pasado casi seis años justificándolo continuamente y pensando que en cuanto se terminara su “mala racha”, Marcos se daría cuenta de lo mucho que la necesitaba y de cuánto la quería, y serían felices y comerían…perdices para siempre.
-           Cuando te enamoras de la persona equivocada pasan estas cosas. En la vida, toda mujer pasa por una relación tormentosa. Es parte del aprendizaje- se decía a sí misma Mónica para consolarse cuando pensaba en aquellos seis años desperdiciados.
            Si eres inteligente, aprendes de los errores cometidos y no vuelves a caer en otro tipo de relación así, pero tristemente muchas mujeres caían y repetían este patrón a lo largo de sus vidas. ¿Falta de autoestima y de amor propio? ¿Sumisión? ¿Ignorancia? ¿Modelo paternal equivocado? ¿Masoquismo? ¿O será verdad eso de que el amor es ciego? Fuera por lo que fuese, Mónica tuvo la suerte de no volver a permitir un trato así, y lo más importante, no volvió a permitir que nadie dominara sus sentimientos nunca más, excepto ella misma. Como futura psicóloga que era, se formó en todo lo referente a la autoestima. No solo reforzó la suya al máximo, sino que descubrió que esa sería su especialidad una vez que ejerciera como psicóloga: fortalecería la autoestima de todas esas personas que la tuvieran por los suelos. Aquella idea le dio fuerzas para seguir adelante llena de energía y de  ganas.
Paso de un extremo al otro. De ser una chica obsesionada por un hombre, desequilibrada e insegura, a personificar el espíritu femenino independiente. Mónica se sentía totalmente completa sin un hombre a su lado. Empezó a marcarse metas que ella misma elegía, y a conseguirlas, lo que le producía una gran satisfacción, y a la vez, le daba fuerzas para seguir siendo cada vez más independiente de los hombres y de sus opiniones. Pasó de ser una persona pasiva, a ser una persona totalmente asertiva, que defendía con garra sus propios derechos.
En el fondo Mónica sabía que eran las secuelas de su tormentosa y larga relación con Marcos, y muchas veces era consciente de que ponía una barrera para que no volvieran a hacerle daño. Hubo una temporada en la que veía a los hombres como a enemigos.
Poco a poco fue consiguiendo ser la chica que era en un principio: auto confiada, segura de sí misma, entusiasta, luchadora… Y cuando más centrada en ella misma estaba, apareció Raúl.
Raúl era un guapo estudiante de psicología. Mónica supo en cuanto lo vio que tenía algo enigmático y diferente a lo que hasta entonces había conocido. Lo conoció el tercer año de carrera. Una mañana, Raúl entró por la puerta de la clase con aire despistado, saludó, se disculpó con un acento muy gracioso, y cuando hubo confirmado que aquella era su aula, se sentó. Mónica no pudo quitarle el ojo de encima el resto del día. No tardó en descubrir que aquel acento tan gracioso tenía un motivo; era argentino.  Más tarde ella se encargó de descubrir todo sobre aquel chico nuevo; se enteró de que estaba en España con una beca Erasmus. Raúl no era una belleza, pero tenía algo distinto que a Mónica le atrajo desde el primer momento de una manera irremediable.
No eran muchos en clase así que fue cuestión de días que se conocieran y entablaran una amistad. No tardaron ni un mes en empezar a salir juntos. Mónica pasó de ser una fría chica, distante y racional, a enamorarse locamente y entregarse a un chico, que por fin, tuvo la certeza de que merecía la pena.
 Raúl era inteligente, divertido, educado, y lo más importante, sano y deportista. Estaba harta de chicos que fumaran porros, esnifaran rayas, o consumieran cualquier tipo de sustancia para escapar de su propia personalidad. Tenía claro, que el hombre que la conquistara tenía que sentirse muy a gusto dentro de su propia piel, y aquel divertido argentino, sin duda alguna, lo estaba.
Fue el alumno más brillante de su promoción. Era tranquilo, sereno, sincero y con una voluntad de hierro. También era muy  competitivo. Raúl siempre sintió atracción por mujeres bellas, competentes e independientes. Y aunque había tenido muchas relaciones en Buenos Aires, ninguna prosperó, y  llegó a pensar que siendo tan exigente nunca encontraría a ninguna chica que le gustará lo suficiente. Por eso, en cuanto conoció a Mónica, la atracción que sintió fue muy fuerte.
            En cuanto se la presentaron aquella noche y la oyó conversar, se enamoró inmediatamente. No solo era buena deportista, sino que era responsable, independiente y tremendamente divertida .Ninguna mujer antes le había hecho reír tanto en su vida. Tenía un gran sentido del humor.  En Argentina no había conocido a nadie igual. No pudo resistirse ante sus encantos, y desde el principio congeniaron muy bien.
Mónica paso de ser una mujer fría, reservada y distante con los hombres, a ser una mujer entregada y centrada en el amor, sin dejar de lado por ello su trabajo, sus hobbys y sus metas.
Si algo estaba claro, es que la atracción que sentía el uno por el otro, era fruto de una gran admiración mutua. Si ella se hubiera convertido de golpe en una mujer sumisa y dependiente, Raúl, seguramente, no hubiera tardado en desenamorarse de ella. Ambos eran ambiciosos, competitivos y  con grandes expectativas de futuro. Desde fuera se les veía como a una pareja modélica, tan carismáticos y triunfadores.
Llegó el final del curso y Raúl tenía que regresar a Buenos Aires. En un principio decidieron que se verían siempre que pudieran, pero no tardaron en darse cuenta de que no podían vivir el uno sin el otro. Mónica sorprendentemente no lo dudo ni por un segundo, y haciendo las maletas, dejó atrás toda su vida en Madrid.
Así fue como Mónica y Raúl acabaron la carrera de Psicología a la vez e invirtieron todos sus ahorros en una pequeña consulta que no tardaría en prosperar y crecer hasta convertirse en uno de los gabinetes de Psicología con mejor fama de Buenos Aires.

lunes, 17 de diciembre de 2012

COMO SUPERAR UNA RUPTURA


CÓMO SUPERAR UNA RUPTURA AMOROSA

Esta sección está centrada en cómo superar una ruptura amorosa. Tras una ruptura amorosa nos invaden sentimientos de desolación, preocupación y tristeza. Romper con un ser amado siempre es una experiencia especialmente dolorosa y difícil. Es por ello que muchas personas que pasan por esta situación se encuentran desorientadas y no dejan de preguntarse: ¿Cómo superar una ruptura amorosa? ¿Qué puedo hacer en esta situación? ¿Estoy haciendo lo correcto?



 LA HISTORIA DE RUPTURA DE SOFÍA...


 "Recuerdo ese día perfectamente. Sabía que algo iba mal en las últimas semanas, pero me resistía a aceptarlo. Intentaba seguir con mis cosas como si nada, especialmente delante de mis amigos y mi familia. Pero una noche él me llamó y, por el tono de la conversación, supe lo que me iba a decir.

Tras varios minutos, dijo: Esto se acabó. No creo que esto vaya a ninguna parte y no quiero seguir contigo más tiempo. A partir de ahí, sólo recuerdo ese sentimiento de angustia. Casi no podía respirar.

Durante varios días estuve desorientada, manteniendo una sonrisa forzada para aparentar que todo estaba bien. Al final, un día al llegar a casa ya no pude más y lloré. Me sentía muy triste. A veces deseaba verle; quería ir a su trabajo y preguntarle tantas cosas...No sabía cómo superar la ruptura.

Una tarde me encontré con unos amigos. A pesar de mis negativas, me convencieron para tomar un café. Estar con gente que parecía feliz me ponía todavía más triste. De repente sucedió algo que me hizo reír. Era mi primera sonrisa sincera desde la ruptura. Aquello me hizo pensar sobre el sentido de mi tristeza y sobre las cosas que realmente deseaba para mi futuro. Fue entonces cuando empecé a ver la luz al final del túnel."

Puede que, como Sofía, en esta situación tú también necesites esa pequeña ayuda que te permita avanzar y saber cómo superar una ruptura amorosa.


UNA GUÍA SOBRE CÓMO SUPERAR UNA RUPTURA AMOROSA

Durante una ruptura amorosa, afloran diferentes sentimientos y emociones que requieren de una atención y un tiempo apropiados para entenderlos y asimilarlos.

Aunque dependiendo de tu estado emocional un apartado será más conveniente que otro, suele ser útil recorrer todos los pasos del proceso, pues te ayudará a prevenir recaídas y elecciones desacertadas de pareja en el futuro.

  1. ¿En qué etapa estoy?





EXPLORANDO TUS SENTIMIENTOS


1- ¿En qué etapa estoy tras la ruptura?

Este breve cuestionario tiene por objeto conocer en qué fase te encuentras dentro del proceso de ruptura amorosa.

Por favor, contesta a las siguientes preguntas marcando con un punto en el lugar de la escala que mejor se ajuste a tu situación. Recuerda que no existen respuestas correctas o incorrectas. Ánimo y adelante...

1) Ahora que se ha producido la ruptura...:
·         Todavía no puedo creer que hayamos roto.
·         Desearía no haber conocido a quien fue mi pareja.
·         Estoy en un momento en el que puedo valorar tanto las cosas buenas como malas de la relación.

2) Estás tomando un café y le ves con sus amigos/as sentado al otro lado...:
·         Rápidamente te levantas y sales de la cafetería, pues no quieres estar en el mismo lugar.
·         Te levantas, sonríes y te diriges al mostrador a pedir un café para que te vea.
·         Continúas con tus cosas sin darle mayor importancia al hecho de que esté allí.
3) Te deja un mensaje de voz para saber cómo estás...:
·         Escuchas el mensaje una y otra vez intentando averiguar si todavía siente algo por ti.
·         Empiezas a escuchar el mensaje pero no te apetece terminar de escucharlo.
·         Escuchas una vez el mensaje y lo borras sin darle más importancia de la que se merece.
 4) Pensando en tu situación personal, ¿cuál era tu vínculo emocional con tu ex pareja?:
·         Mi vínculo era tan fuerte que mi vida jamás será la misma, siendo incapaz de establecer nuevas relaciones a través del trabajo y de otras actividades sociales.
·         Un vínculo fuerte al principio, pero debilitado a lo largo del tiempo exclusivamente por sus conflictos y sus problemas.
·         Un vínculo fuerte y de compromiso, pero con fecha de caducidad.

5) Estás ordenando tus cosas y encuentras una foto de ambos...:
·         La rompes sin piedad.
·         Te paras un rato a recordar esos momentos.
·         La guardas junto con otras fotos de ambos.

6) Cuando piensas en tu ex pareja...:
·         Sólo deseo provocarle el mismo dolor que me está haciendo a mí.
·         Me resulta difícil y sólo puedo pensar en todo lo bueno que vivimos juntos.
·         Lo veo como una etapa más en mi vida personal.

7) Comprando en el supermercado, pasa una persona que encuentras atractiva...:
·         Intentas seducirla, pues es la forma más rápida de olvidar las rupturas de pareja.
·         Piensas en que te resulta atractiva porque se parece a tu ex en alguna característica.
·         Sigues comprando, pues ahora no es el momento de comenzar una nueva aventura amorosa.
·          
 VALORANDO LAS RESPUESTAS
Ahora es preciso repasar las respuestas que has dado y ver qué tipo de respuesta es la que más se repite (A, B, o C).
·         Si la mayoría de tus respuestas son del "TIpo A ", tu situación actual es de gran dependencia emocional y pérdida de control. La recomendación es empezar tu proceso de superación de la ruptura amorosa por la Etapa 1.
·         Si el "Tipo B" es la opción más repetida en tus respuestas, se puede pensar que todavía la ruptura emocional te afecta, aunque ya has comprendido que la relación se ha terminado y empiezas a moverte en la dirección correcta. La recomendación es comenzar tu proceso de superación por la Etapa 2. 
·         Si lo que predominan son respuestas del "Tipo C", se puede decir que tu proceso de superación de la ruptura amorosa está avanzado, aunque no ha finalizado. En este caso, la recomendación es saltar hasta la Etapa 4.















2- ¿Cuáles son las etapas de este viaje?

Expresa tus emociones. No te culpes por tus sentimientos y el modo que tienes de expresarlos.
Cuando rompemos con nuestra pareja, no todos reaccionamos del mismo modo. Aunque cada persona lo experimenta a su manera, suelen aparecer unas reacciones comunes que nos ayudan a soportar el sufrimiento. La tristeza, la culpabilidad o la ira son respuestas normales y naturales que se dan con frecuencia.
                Algunas personas se quedan ancladas en estas emociones mucho tiempo, lo que acaba afectando negativamente a su calidad de vida y a sus expectativas de futuro. Para evitar más sufrimiento del necesario y poder superar esta situación, es crucial aceptar la ruptura amorosa y volver a vivir de forma sana la vida. No debes olvidar que el duelo te afecta psicológica y físicamente, y se manifiesta por medio de conductas concretas (incapacidad para dormir, llorar, falta de apetito, desinterés generalizado).
                Para ello, te proponemos un viaje especial. Un viaje que todos tenemos que pasar en circunstancias similares, y que en la mayoría de los casos te convertirá en una persona más madura y emocionalmente más fuerte. Pero este viaje sólo terminará cuando puedas: 1) aceptar la realidad de la ruptura amorosa, 2) comprender e integrar tu sentimientos y 3) adaptarte al hecho de que te espera un futuro sin la compañía de esa persona. Éstas serán las etapas de tu viaje personal.

Aceptando la realidad de la ruptura amorosa:
Llora y libera tus emociones!!!!!
                Todo viaje comienza en algún punto. Nuestro punto de partida será mejorar tu estado de ánimo. Recuerda que el primer paso siempre suele ser el más difícil.
                Para ello, vamos a descargar las emociones contenidas. Es el momento de manifestar tus sentimientos. Llora y llora sin miedo y sin límites. En cualquier caso, no te culpes por tus sentimientos y el modo que tienes de expresarlos. El dolor que estás experimentando es comprensible y es completamente esperable. También es posible que sigas sintiendo pena y soledad durante un tiempo. 
                Una vía adecuada de canalizar tus pensamientos y emociones es escribiendo. Redacta lo que piensas y sientes. No te preocupes por lo que escribas. Será sólo para ti, pues en ningún momento quedará registrado, perdiéndose todo al cerrar la página.
Existen muchas cosas difíciles de entender durante y después de una ruptura, especialmente cuando todavía se está enamorado. La incomprensión a veces genera rabia, enfado, culpabilidad y resentimiento. Estas emociones y el deseo de volver a recuperar la relación impiden que se acepte la ruptura.
Algunas pautas para disminuir el dolor

Después de la ruptura, a veces nos encontramos abrumados con emociones, y nos resulta complicado dejar de pensar en lo que sucedió. Una manera de sentirse menos abrumado es dirigiendo tus pensamientos nuevamente hacia el mundo exterior. Lo que debes hacer para conseguir esto es lo siguiente:
·         Siéntate en una posición cómoda.
·         Respira hacia adentro y hacia afuera profunda y lentamente.
·         Mira a tu alrededor y menciona cinco objetos que no te causan malestar.
·         Respira durante unos instantes hacia adentro y hacia afuera pausada y profundamente.
·         Ahora, menciona cinco sonidos que puedes escuchar que no le causan malestar.
·         Respira hacia adentro y hacia afuera lenta y profundamente.
·         Ahora, menciona cinco cosas que puedes sentir y que no te causan angustia.
·         Respira otra vez más hacia adentro y hacia afuera pausada y profundamente.

Adaptando nuestro mundo

Algunos pequeños cambios en las cosas que te rodean puede ayudarte enormemente. Los cambios que conllevan cierto alivio son: 1) Quitar de la vista objetos que te recuerden a esa persona, 2) hacer un diario de tus sentimientos, 3) confeccionar una lista de las cosas que te gustan, 2) no aceptar sus llamadas ni intentes ponerte en contacto con esa persona, 4) si lo necesitas, escribir una carta con tus sentimientos y guárdala (también puedes romperla). 


Por el contrario, se desaconseja utilizar la violencia como forma de desahogo y afrontamiento de una ruptura amorosa (ya sea hacia los demás o hacia uno/a mismo/a), así como el uso de la venganza, salir de compras y generar grandes gastos económicos o los patrones de ingesta descontrolada.
                Tómate un par de días para estar en casa y expresar tus emociones. Si entendemos que esta forma de actuar permite limpiar nuestro mundo emocional, sólo estando emocionalmente limpio/a podrás pasar a la siguiente etapa de este viaje.












3. Salir con los Amigos o las Amigas tras la Ruptura
RETOMANDO EL CONTACTO CON LOS AMIGOS/AS
 Salir con los amigos o las amigas favorece la recuperación tras una ruptura.
Es frecuente evitar salir con los amigos o amigas durante las relaciones de pareja. En la mayoría de los casos es cierto que no se pierde completamente el contacto, aunque éste disminuye.
                 Recuerda, por ejemplo, todas esas ocasiones en las que tus amigos o amigas te propusieron salir y pasar un rato divertido y te negaste por estar con tu pareja o porque pensaste que tu pareja no estaría conforme.
Es por ello que, cuando una relación termina, un cierto sentido de culpabilidad aparece en nuestra conciencia y empezamos a pensar: "No puedo creer que haya dejado a un lado a mis amigos por mi ex-pareja".

PASARLO BIEN CON LOS AMIGOS/AS
                Ahora que ya se ha ido tu ex, y que has aprendido lo importante que es estar a gusto contigo mismo/a sin la necesidad de depender de otras personas, es hora de recordar hasta qué punto era divertido salir con los amigos/as.
                Si disfrutas de amistades verdaderas, entenderán perfectamente lo que estás pasando y te aceptarán de nuevo con los brazos abiertos. Asimismo, disfrutar de este tipo de amistad favorece la posibilidad de mostrarnos como somos en realidad, sin tener que impresionar a nadie. Tampoco estaremos sometidos a críticas o juicios de valor por lo que hacemos.
                De hecho, una de las funciones más importante de las redes sociales conformadas por nuestras amistades más íntimas es la proporcionar apoyo social,  favoreciendo las acciones que permiten hacer frente a problemas cotidianos o situaciones de crisis y proporcionando un sentido de pertenencia que reduce el impacto emocional de acontecimientos negativos.
 EFECTOS POSITIVOS DE LA AMISTAD
                Entre las consecuencias positivas de la amistad destaca la función de apoyo emocional. Este tipo de apoyo se traduce en respuestas que destacan y valoran nuestra forma de ser, lo que termina repercutiendo en un aumento de nuestra autoestima. Este tipo de apoyo se muestra mediante comportamientos tales como expresiones de escucha, de respeto y de respaldo a nuestras acciones.
Otra consecuencia de especial valor es el soporte informativo que proporcionan los amigos/as, con sus comentarios y sugerencias, asesorándonos desde sus experiencias y ofreciéndonos distintas alternativas.

ACTIVIDADES A REALIZAR CON LOS AMIGOS/AS
                En esta etapa, todavía hay restricciones, pues aunque la superación de la ruptura está avanzada el proceso no ha terminado completamente.
                En este sentido, la idea es realizar con tus amigos/as todas las actividades que necesites para sentirte bien tales como bailar, hacer deporte, salir a un pub o discoteca, ir al cine, cenar fuera, ir de compras... pero con la condición de volver a casa sin compañía. Recuerda que todavía son imprescindibles los momentos de soledad y reflexión personal.
                Para la reflexión personal, puedes escribir aquellas cosas que has recordado tras reencontrarte nuevamente con tus amistades, el momento en el que mejor te lo has pasado o frases positivas sobre ti que tus amigos han dicho.
                Es conveniente durante esta etapa no beber alcohol, pues aunque inicialmente te produzca sensaciones agradables también puede inducir la aparición de recuerdos donde aparezca tu ex-pareja y potenciar la intensidad de las emociones negativas.

 ¿CUÁNTO DEBE PROLONGARSE ESTA ETAPA?
                Para dar por superada esta fase es recomendable realizar repetidas salidas con tus amigos/as hasta que notes que tu estado de ánimo ha mejorado y que el malestar que te producía dejar tu casa se ha reducido considerablemente.
                Una vez llegado a este punto, es hora de establecer tus nuevos objetivos personales. Adelante y ánimo.


Establecer Objetivos Personales
RECUPERARSE DE UNA RUPTURA POTENCIANDO EL DESARROLLO PERSONAL.
Establecer objetivos personales como meta para superar una ruptura.
Tras una ruptura, mantenerse ocupado/a no sólo es una manera apropiada de tener la mente lejos de ideas y recuerdos negativos, sino que también puede ser una vía para tu desarrollo personal y profesional.
                Para ello, será necesario organizar tu tiempo y actividades diarias en función de metas renovadas. Ayudarte a establecer objetivos personales óptimos será la finalidad de esta sección.
                Las personas que se sienten tristes o abatidas recobran el optimismo si son capaces de sacar adelante sus tareas, mejorando su autoestima y satisfacción personal. Ha llegado el momento de encontrar proyectos que te ayuden a ser una persona más feliz y saludable.
 ESTABLECER OBJETIVOS PERSONALES
                Las personas que establecen claramente objetivos personales y ponen en marcha las acciones para alcanzarlos experimentan un incremento en emociones y sensaciones positivas, lo que repercute favorablemente sobre el concepto que tienen de sí mismas y sobre su valía, en especial cuando estos proyectos les ofrecen oportunidades para potenciar su propio desarrollo y crecimiento personal.
                Si entendemos la recuperación de una ruptura como un proceso de superación de la angustia y la tristeza, la aparición de esperanza y confianza en sí mismo/a y la recuperación de relaciones significativas con otras personas, queda claro la importancia de establecer objetivos personales que potencien las relaciones sociales (tales como la amistad, la familia o los compañeros de trabajo), el funcionamiento físico y mental y el papel activo de la persona.

PAUTAS PARA ESTABLECER OBJETIVOS PERSONALES
Como primer paso, intenta realizar actividades o proyectos que te aporten beneficios personales y profesionales. Reflexiona y recuerda cuáles son tus intereses y desarrolla un plan de acción para conseguir tus objetivos.
                Asimismo, decide qué objetivos son los más fáciles y los más difíciles de alcanzar. Incluye también que resultados adicionales obtendrás cuando hayas completado cada uno de los objetivos marcados.

RECOMENDACIONES PARA LOS OBJETIVOS PERSONALES
La mayoría de las personas ponen en marcha decisiones sin detenerse un momento a pensar sobre ellas no son conscientes que esta falta de planificación les lleva en multitud de ocasiones a fracasar en sus metas.
                Vivir sin unas metas claras, sin un deseo concreto, sin unos objetivos específicos, es como estar a la deriva.  Y esto es válido tanto en tu vida profesional como en tu vida amorosa.
                Una forma sencilla y práctica para definir tus objetivos (inmediatos, a medio plazo y largo plazo) empieza por establecer unos objetivos realizables.  Deben ser objetivos alcanzables o que puedan lograrse aunque sea necesario dividirlos en pasos más pequeños.
                Por otro lado, deben estar especificados de forma que podamos hacer un seguimiento y valorar nuestro progreso. Para ello, es apropiado utilizar medidas concretas (por ejemplo, si nuestra meta es bajar de peso, podríamos bien mirarnos en el espejo y decidir si estamos mejor o peor o, por el contrario, utilizar una balanza y comparar nuestro peso). Finalmente, los objetivos también deben estar fijados en un intervalo de tiempo (los objetivos debe tener una fecha de inicio y fin para su consecución).

 EL TRABAJO COMO MEDIO DE RECUPERACIÓN
                La consecución de objetivos profesionales tiene un gran impacto en el desarrollo de una visión positiva para personas que han sufrido una ruptura amorosa. De hecho, el desarrollo de actividades laborales refuerza la creencia en un futuro mejor, potencia la sensación de autosuficiencia, promueve las interacciones sociales y aumenta la motivación para iniciar nuevas experiencias de aprendizaje.

EL EJERCICIO FÍSICO COMO MEDIO DE RECUPERACIÓN
                Además de la contribución del ejercicio físico a nuestro bienestar general (por la disminución de enfermedades, control del peso corporal y prevención de patología, entre otros), la realización de actividades deportivas se han vinculado con la reducción de niveles de estrés y ansiedad, así como una mejoría de los estados depresivos. Todos estos efectos beneficiosos del ejercicio físico sobre la salud psicológica, en general, y sobre estados emocionales disfuncionales, en particular, son de especial interés en la recuperación tras una ruptura amorosa.
                De otra parte, las prescripción de la práctica del deporte en términos de salud mental se ha visto consolidada por resultados de estudios que muestran cómo el ejercicio físico promueve una visión más positiva de nosotros mismos y mejora la capacidad para afrontar la tensión y los estados emocionales derivados de problemas psicosociales (Morgan, 1981).

Aunque depende de los objetivos personales, del estado físico y del tipo de actividad elegida, las recomendaciones sobre el ejercicio físico para obtener beneficios en salud apuntan a realizar una pequeña cantidad de ejercicio de forma regular (dos o tres veces por semana y una duración de entre 30-40 minutos). Ahora bien, para que el ejercicio físico produzca beneficios psicológicos, la actividad además debe cumplir los siguientes criterios: 1) que sea agradable de practicar, 2) no competitiva, 3) previsible, con ejercicios similares en cada sesión, y 4) rítmica.

¿CUÁNDO QUEDA SUPERADA ESTA FASE?
                La etapa de "establecer objetivos personales" está dirigida fundamentalmente a recuperar el sentido y el rumbo de nuestra vida después de una ruptura, pero con el propósito de adoptar hábitos saludables que repercutan de manera beneficiosa tanto personal como profesionalmente. Asimismo, la intención de esta sección va más allá de la ruptura amorosa, pretendiendo asumir unos objetivos y metas que permitan tu desarrollo como persona de forma integral y autónoma a corto, medio y largo plazo.
                Como hemos comentado, alcanzar el sentimiento de que somos capaces de conseguir nuestros objetivos personales influye en una mejor visión de nosotros/as mismos/as, así como en el bienestar físico y psicológico. Es importante recordar que no sólo se puede mejorar la salud y la calidad de vida a partir del tratamiento de lo patológico, sino que una importante vía de mejora proviene del fortalecimiento y aumento de lo saludable y positivo.
                 Ánimo y adelante.

viernes, 14 de diciembre de 2012

NUEVO LIBRO.


Gael se levantó con una resaca horrorosa. Abrió los ojos y se asustó. Aquella pared de color berenjena no era la de su habitación. Tardó unos largos segundos en recordar que se había ido a tomar “la última” a casa de Raquel. Se dio cuenta de que ella no estaba en la cama. Pero estaba muy confuso y no recordaba  gran cosa, así que no tenía nada claro si se habían llegado a acostar, o no.
Raquel no tardó en aparecer. Traía una bandeja con el desayuno, y al observar que lo único que llevaba puesto eran unas braguitas blancas de algodón, tuvo clara la respuesta: sí, se habían acostado. 





            Raquel era una de las modelos más conocidas de Argentina y Gael llevaba detrás de sus huesos una temporada. No supo identificar el por qué la imagen de aquella súper modelo en ropa interior, no le provocaba tanta felicidad como se había podido imaginar.
-          Hola dormilón- le dijo ella dejando la bandeja en la mesilla de noche- ¿Tienes hambre?
La modelo olía muy bien, se acababa de duchar. Gael no pudo evitar sentir una oleada de placer entre tanto dolor de cabeza. Últimamente se estaba corriendo muchas juergas, y su cuerpo ya no estaba para tantos trotes. Estaba empezando a cansarse de tantas noches de alcohol y desenfreno.
-          Me voy a terminar de arreglar que a las doce empieza el desfile. ¿Nos vemos allí? Yo tengo que estar un rato antes para la prueba, el maquillaje y todos esos rollos, pero te dejo el pase, ¿ok?, ¿tú te acercas después? - Y plantándole un  sonoro beso en los labios se dirigió hacia el baño para terminar de prepararse.
Gael tenía que reconocer que tenía un cuerpo de escándalo. Pero entonces, ¿por qué no se sentía en la gloria? Se incorporó y se comió el desayuno. Sin darse cuenta se volvió a quedar dormido. Cuando se despertó, Raquel ya se había ido. Le había dejado una nota y el pase de la puerta para que pudiera acceder al evento sin problemas.
No tenía ni idea de cuándo, ni por qué, habían quedado para ir a ese dichoso pase de moda. No sabía a qué desfile se refería Raquel, ni por qué él tenía que acudir a verlo. Maldito alcohol. No le apetecía nada ir. Solo quería irse a su casa, comerse un buen asado de su madre, y dormir todo el día hasta que aquella horrorosa resaca se le pasara del todo. Antes toleraba muy bien las resacas, pero cada vez las llevaba peor. Le entraban unas depresiones post-party brutales.
            Se levantó aturdido de la cama. Buscó su ropa por la habitación, y del bolsillo de su pantalón vaquero, sacó su teléfono móvil. Ninguna llamada. Miró la hora: ya eran las once. Se estiró, y entre bostezos, se dirigió desgreñado, legañoso y en calzoncillos hasta el baño, dispuesto a lavarse la cara y despojarse un poco de aquella maldita y confusa resaca.
- “Qué departamento tan acogedor” -pensó sorprendido Gael mientras lo contemplaba.
El piso no era muy grande, pero sin duda, era muy original y bastante moderno. El salón estaba decorado con un mullido sillón de tres plazas forrado con telas de diferentes colores y abarrotado de un montón de coloridos cojines. Las paredes estaban adornadas con divertidas y llamativas láminas que se desperdigaban a lo largo y ancho de toda la pared.  Gael se acercó para contemplarlas de cerca y vio que se trataban de bocetos originales de diseños de ropa de mujer. Supuso que serían regalos de los diseñadores para lo que Raquel solía desfilar.  
La cocina estaba en la misma estancia que el salón; era pequeñita, de madera y muy estilosa. Parecía todo sacado de un catalogo de IKEA. A Gael le llamó la atención lo limpio y ordenado que estaba todo.
 La acogedora estancia conectaba con un estrecho y largo pasillo de color lila que tenía dos puertas. Cada puerta pintada de un color distinto. La primera pintada de un verde turquesa, y la segunda de un amarillo pastel.  Era una combinación preciosa.         Por un momento se sintió como si fuera uno de los personajes de una fabula infantil. Sin duda alguna era una casa con magia.
Abrió despreocupado la primera puerta que encontró, esperando hallar el baño. Tenía unas ganas locas de darse una buena ducha a ver si así se le pasaba un poco el dolor de cabeza.  
Pero tras la primera puerta solo encontró oscuridad. Cuando se disponía a buscar el interruptor, y sin saber bien de donde procedía, un potente e histriónico grito de 79 DCB le sacó de su letargo.
            -Por Dios, ¿qué demonios es este ruido tan desagradable?
Le iba a explotar la cabeza de un momento a otro. Se notaba las venas hinchadas y notaba como le palpitaban las sienes mientras seguía intentando buscar el interruptor que le aclarara (literalmente) un poco lo que  allí estaba ocurriendo.
-          Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
 Aquel desagradable sonido no paraba nunca. Al contrario, cada vez era más alto e insoportable.
            - Pero???……- No entendía nada, y para colmo, no lograba encontrar el maldito interruptor. De repente, sintió un gran golpe en la cabeza.  Todo se volvió más oscuro aún de lo que ya estaba.
Tuvieron que pasar unos largos segundos hasta que Gael pudo empezar a abrir un poco los ojos. Veía todo borroso. Lentamente fue recuperando la visión. Alguien había encendido por fin la luz. Sus ojos fueron adaptándose y pudo apreciar una mancha que, poco a poco, fue cogiendo forma: una chica menudita, con cara de haber visto un fantasma, estaba en ropa interior y agarraba un paraguas con las manos como si de una metralleta se tratase.
            -¿Quién eres tú? – oyó como le preguntaba aquella chica con un acento muy extraño.
Gael no sabía si aquello era real o si estaba en mitad de un mal sueño.
            - Solamente estaba buscando el baño- dijo mientras intentaba incorporarse. –Pero… ¿quién eres tú?
            - Soy Valeria y vivo aquí.
Vaya. Eso sí que no se lo esperaba.
            - Yo soy Gael, amigo de Raquel, pero ella se ha tenido que ir hace un rato. Pensé que vivía sola.
            - Pues ya ves que no…
            - Me has dado un buen paraguazo- dijo frotándose la cabeza.
            - Bueno…lo siento…es que me has dado un susto de muerte…. ¿estás bien?
            - Sí, creo que sí...
Gael no pudo evitar observar a aquella peculiar chica. Llevaba una ropa interior muy bonita. Su sujetador era rojo y hacia juego con unas braguitas blancas adornadas con unos dibujitos de cerezas. Le pareció una combinación de la más sexy a pesar de lo infantil que resultaba aquel conjunto. 
Sus ojos se posaron sin querer en sus muñecas. Tenía unas cicatrices muy grandes en ambos brazos. Cuando se estaba empezando a preguntar que le habría podido ocurrir, se dio cuenta de que Valeria lo miraba extrañada. Gael se dio cuento de lo surrealista de aquella situación, se ruborizó y, disculpándose, salió de aquella habitación más desorientado aún de lo que ya se había levantado.
-          “Madre mía, qué genio”- pensó mientras seguía frotándose la dolorida cabeza.
Valeria no tardó en salir de la habitación, ya vestida.
-          ¿De verdad que estás bien? – quiso saber preocupada. - Raquel debería haberme avisado.
-          Sí, a mi también.
-          Bueno, lo siento mucho.
-          Sí, lo mismo digo. No pretendía entrar en tu habitación de esa manera.
Se miraron, y sin saber bien como actuar, ella dijo:
-          El baño es la primera puerta, pero a la izquierda. Yo me tengo que ir que llego tarde a un desfile.
-          ¡Yo también voy!…Creo…. ¿El desfile de Raquel? ¿Está muy lejos?
-          No, es aquí al lado. Son dos paradas. Si quieres te espero y vamos juntos, pero no tardes porque yo ya llego muy tarde.
-          Sí, dame dos minutos que me asee un poco y salimos pitando.
Durante el corto trayecto que hicieron hasta llegar al desfile apenas abrieron la boca. Gael observaba a Valeria con toda la discreción de la que era capaz, y  se dio cuenta de lo distinta que era aquella chica. Aquel acento tan extraño le hacía mucha gracia y se preguntaba qué de dónde podría ser. Tenía unos rasgos muy peculiares, con muchas pecas y unos ojos almendrados color miel preciosos. Lo que más le gustaba era su expresión. Cuando aquella chica te miraba, te trasmitía una gran calma, pero a la vez había algo inquietante en su mirada.  Parecía muy infantil y algo tristona. Su peinado era graciosísimo y le aportaba mucha personalidad. Gael no había visto un peinado así en su vida. Llevaba el pelo cortito con un flequillo ladeado. Era una chica muy estilosa pero muy discreta a la vez. A la luz del sol vio como su pelo cogía una tonalidad naranja, y su ropa era también muy original. Llevaba manga larga. Gael pensó, que seguramente, querría taparse aquellas feas cicatrices, y de que además,  debería de estar pasando mucho calor en aquel bus.
-          Ya hemos llegado- dijo Valeria sacándole de sus pensamientos. Y dando un ágil y rápido salto se bajó - Yo te dejo aquí, tengo que ir a trabajar- Y corriendo, desapareció sin más.
-          ¿A trabajar? ¿También era modelo? Era bonita,  pero… ¿modelo? Habría jurado que no superaba el metro sesenta, y bueno….en  fin.
Se dirigió a la puerta un poco aturdido aún y entró en la sala. Había muchísima gente y muchos medios de comunicación congregados. Vio como había un photo call, en el que casualmente le estaban haciendo una entrevista a Raquel. Ya la habían peinado y maquillado, estaba realmente despampanante. Ella lo vio, y disimuladamente,  le hizo un gesto con la mano y le guiñó un ojo.
Aun faltaba un rato para que comenzara el desfile, así que Gael decidió dar una vuelta por la zona. No tardó en enterarse de que aquel desfile formaba parte de un prestigioso certamen para jóvenes diseñadores. Había muy buen ambiente y se alegró de haber acudido. Buscó su asiento. Raquel se había encargado de que fuera en la zona VIP. Se sentó tranquilamente a esperar que comenzara el desfile. Se encendieron los focos, sonó la música y empezó el espectáculo.
Aquella ropa era realmente llamativa y muy bonita. Apenas se había fijado en las modelos. Solo tenía ojos para aquellas prendas tan originales. Ya casi estaba acabando el desfile y aquella curiosa chica no había aparecido aún. Salió la última modelo; no era Valeria. Se desilusionó. Tenía mucha curiosidad por ver a aquella pecosa y menudita compañera de piso de Raquel desfilando. No se la podía imaginar contorneando las caderas de aquella manera. Y cuando ya había tirado la toalla, y como de la nada, apareció entre las cortinas ¡Era la diseñadora! No se lo podía creer. Se había cambiado de ropa y lucía uno de sus propios diseños. Le quedaba realmente bien. Mucho mejor que a ninguna de las modelos que había desfilado haces solo unos minutos aquellas mismas prendas. La gente estaba como loca aplaudiendo, y Valeria se limitaba a sonreír tímidamente.
 Gael la miraba totalmente embelesado, y Raquel lo miraba a él, ignorando que aquella cara de orgullo y satisfacción nada tenía que ver con ella, sino con su dulce y discreta compañera de  piso, Valeria.